Un buen vino para tomar con queso

Maridar un queso y un vino es buscar la armonía entre dos productos con dos personalidades muy marcadas ante las que ninguna de ellas debe de eclipsarse, sino más bien realzarse

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Maridar un queso y un vino es buscar la armonía entre dos productos con dos personalidades muy marcadas. Ninguna de ellas debe de eclipsarse, sino más bien realzarse. El vino debe de sacar lo mejor del queso y viceversa. Sólo así conseguiremos que un buen vino maride con queso.

Para el queso hay que tener en cuenta la materia prima con la que está elaborado. No será lo mismo si es de leche de vaca, de cabra, de oveja, de búfala o de las diferentes mezclas. Pero hay un segundo aspecto a tener en cuenta: cómo se elabora cada tipo de leche.

Maridaje queso y vino

Las combinaciones entre queso y vino son infinitas

Los procesos de elaboración pueden ser la coagulación láctica, la pasta prensada no cocida, la corteza lavada o el enmohecido interno. A la combinación de factores le sumamos un tercero, que como en el caso del vino es muy relvante: la edad o maduración del queso en cuestión.

Los maridajes entre vino y queso

En cuanto al vino, como de costumbre, habrá que tener muy en cuenta la variedad de uva con que está elaborado, lo que da lugar a diferentes tipos de vino y las diversas formas de elaboración: jóvenes, dulces, generosos…

Así las cosas, para cada tipo de queso hay un compañero acertado. Los quesos azules (Rochefort, Cabrales…), piden maridarse con tintos robustos y estructurados, no demasiados tánicos. También con los vinos de licor como por ejemplo el Sauternes, las vendimias tardías, los Oportos, Banyuls o Maury.

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La mejor pareja para un vino tinto con cuerpo son los quesos curados de cabra, oveja (Manchego, Zamorano, Roncal) o vaca (Mahón curado o añejo). También las tortas con cierta fuerza (Torta del Casar) o los quesos ahumados.

Si por el contrario tenemos un vino joven, ligero y afrutado acertaremos combinándolo con quesos más suaves como los quesos cántabros y gallegos o algunos franceses de pasta enmohecida (Camembert o Boursault), que se pueden acompañar desde con blancos estructurados con cierta acidez a tintos jóvenes ligeros y frescos.

Los vinos blancos maridan a la perfección con quesos de cabra y de vaca. Los blancos jóvenes afrutados son muy adecuados para simples quesos de pasta blanda (Flor de Guía) o con corteza enmohecida (Brie, Camembert, Garrotxa) y lavada (Munster o Saint Vernier).

Los vinos blancos secos combinan con quesos tiernos de vaca y de cabra con texturas blandas o quesos de mezcla tiernos. Los de pasta cocida acompañan a los vinos blancos muy aromáticos y suaves o bien a tintos ligeros y poco ácidos. ¿Has elegido ya tu combinación perfecta?

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