La apasionante relación entre vino y arte a lo largo de la historia

Recorremos la relación entre vino y arte a través de una serie de obras que expresan las diferentes maneras en que se ha tratado esta temática

El almuerzo de los remeros, de Pierre Auguste Renoir
A través del vino, de la uva, las vides o los mismísimos dioses, Baco o Dionisos. Da igual de qué modo. Vino y arte siempre han maridado estupendamente. Hay infinidad de obras artísticas que dan buena cuenta de ello y ponen, de un modo u otro, al vino en el centro. Pero esta relación ha ido evolucionando a lo largo de la historia.

 

Pinturas del Valle de las Reinas en las que se observa la elaboración de vino.

Pinturas del Valle de las Reinas en las que se observa la elaboración de vino.

Lo cierto es que la historia del vino se remonta entre 4.000 y 6.000 años a.C. Según testimonios literarios y diversos materiales arqueológicos, Mesopotamia podría haber sido la cuna del vino. Su consumo de vino estaba reservado a los círculos aristocráticos. Es en Egipto donde encontramos las primeras representaciones que hacen referencia al vino.

Concretamente en los frescos de las cámaras funerarias de Luxor y Sagqarah, en los que se puede apreciar de primera mano la importancia que los antiguos egipcios daban a la viticultura. Las principales regiones productoras de vino eran el delta del Nilo y los oasis del desierto de Libia y el Fayum.

El vino en el arte de grecorromano

“Los pueblos del Mediterráneo empezaron a emerger del barbarismo cuando aprendieron a cultivar olivos y vides”. La cita es del historiador griego Tucídides. Sea como fuere, la influencia de la Antigua Grecia sobre el vino es vital para el desarrollo de casi todas las regiones vinícolas europeas y para la propia historia del vino.

Los griegos creían que fue el dios Dioniso regaló a los hombres las primeras vides. Uno de los ejemplos más representativos es el de ‘Hermes con el niño Dioniso’, una escultura griega de mármol, cuya autoría se atribuye al escultor Praxíteles del período clásico final.

Hermes con el niño Dioniso. Atribuida a Paxíteles.

Hermes con el niño Dioniso. Atribuida a Paxíteles. Siglo IV a. C.

No sólo en las esculturas de los dioses se puede encontrar al vino. También en las vasijas en las que éste se almacenaba. Lo cierto es que el vino, junto con el aceite de oliva y el trigo, eran parte de la alimentación de los pueblos que en su día habitaron el Mediterráneo.

Además constituyó un factor de identidad de estas culturas. Concretamente el consumo del vino y del aceite de oliva marcaba de manera muy clara las diferencias entre romanos y bárbaros, pues aquellos se caracterizaron por beber cerveza y utilizar manteca.

Romanos pisando uva

Romanos pisando uva. Casa del anfiteatro. Mérida. Siglo II

En tiempos del Imperio romano el dios del vino pasó a ser llamado Baco. Suele ser representado portando un cuerno repleto de vino, con racimos de uvas en su cabeza. Como otros dioses destacados, Baco, tenía sus propias festividades en las que se le rendía culto: las bacanales. Y como no podía ser de otro modo, en las Bacanales, el vino corría a raudales.

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El componente religioso del vino

Hablar de vino en el arte es hablar de fiesta y desenfreno, pero también de la vertiente religiosa. La importancia del vino de la civilización del Cercano Oriente y Europa Occidental está fundamentalmente vinculada a su papel en el oficio sacramental. Así, más que un producto de la tierra, el vino sería un regalo de Dios. La Iglesia Cristiana consagra el vino, que se identifica con la sangre de Cristo, y lo asigna un papel destacado en el rito litúrgico.

Monje probando vino. Aldobrandino de Siena.

Monje probando vino. Aldobrandino de Siena. Siglo XIII.

En la Edad Media, la Iglesia multiplica la plantación de vides. En los monasterios, en particular, son las cepas la actividad agrícola predominante. De este modo, con la extensión del cristianismo, el consumo del vino se popularizó en toda Europa y se incorporó como elemento fundamental de la dieta alimenticia para la población. El motivo había que encontrarlo en el alto valor calórico que poseía.

Beato de Las Huelgas, folio 115. Año 1220. Biblioteca Morgan, N.Y.

Beato de Las Huelgas, folio 115. Año 1220. Biblioteca Morgan, N.Y.

Tras la Edad Media, en el siglo XV y con el impulso de las escuelas neoplatónicas se empezará a rescatar del olvido la cultura clásica grecorromana. Sin duda este rescate llevará aparejada la vuelta a la escena de Baco y Dionisos.

Así, durante el periodo conocido como “Renacimiento” se extenderán las excavaciones “arqueológicas” y el coleccionismo de obras de la antigüedad inspirará a los grandes artistas italianos. Con ello, los dioses y héroes griegos volverán a poblar la iconografía europea.

Por ejemplo, el gran Miguel Ángel esculpirá el “Baco Ebrio”. En él, el genial escultor renacentista representa al dios Baco adolescente, embriagado, levantando una gran copa, con una figura a sus pies que está comiendo de las uvas que el dios tiene en la mano, el cual, por sus ojos, denota su estado de ebriedad.

Baco, de Miguel Ángel

Baco, de Miguel Ángel

El barroco: frenesí y embriaguez

Todo lo que en el arte renacentista era serenidad, equilibrio, en el arte barroco se convertirá en movimiento, emoción y pasión. Quizá se deba a esto el que Dionisos sea uno de los dioses preferidos del barroco. Asociado al vino, el frenesí y la embriaguez, esta representación estará presente en numerosas obras de arte del periodo.

Para embriaguez, la de “La bacanal” de Tiziano, que ilustra el tema mitológico de la llegada del dios del vino a la Isla de Andros que le estaba dedicada, ya que por sus ríos corría vino en vez de agua. Sus habitantes esperan la llegada de Baco dedicados a la fiesta del vino. Son magníficos el colorido y el movimiento de las figuras y, por supuesto, el espléndido desnudo femenino en reposo, a cuyo lado camina, tambaleándose, ¡un niño borracho!

La Bacanal de Tiziano.

La Bacanal de Tiziano.

Velázquez pintará por su parte “El triunfo de Baco”, también conocido como “Los borrachos”. El dios aparece rodeado de personajes del pueblo llano. Con los rostros enrojecidos por el alcohol miran al espectador, haciéndolo partícipe de su alegría etílica.

El triunfo de Baco, de Velázquez.

El triunfo de Baco, de Velázquez.

En este caso, como suele suceder en las obras mitológicas del genial pintor sevillano, el dios es representado destacando del resto de los personajes, su color es más pálido y brillante, como resplandeciente, y sin presentar evidentes signos de embriaguez. Caravaggio, por el contrario, pintará al dios con el rostro un poco enrojecido y los ojos entrecerrados.

Baco de Caravaggio

Baco de Caravaggio

En otra obra anterior, Caravaggio llevará este tratamiento desmitificador al extremo. Es el “Baco enfermo”, donde podemos contemplar al pobre dios pálido, con una tonalidad casi verdosa, ojeroso y con los labios blancos, víctima de la resaca causada por los efectos del vino.

Baco enfermo, de Caravaggio

Baco enfermo, de Caravaggio

El Baco de Rubens se acerca a la caricatura. Fiel a su estilo, el pintor flamenco representa al dios bien entrado en carnes, con un sileno a su espalda y una leona a sus pies.

Baco de Rubens.

Baco de Rubens. 1638-40. Hermitage.

Costumbrismo goyesco

En el siglo XVIII español el vino estaba muy presente, con la introducción de las primeras variedades foráneas. Por entonces, los vinos de Castilla eran los preferidos en la corte, mientras que poco a poco el Rioja se iba ganando su sitio.

La merienda, de Goya. 1776.

Goya llevará a sus cuadros la temática vinícola. Lo hará especialmente en los festivos o de recreo, donde aparecen las referencias icónicas al vino. Es el caso de “La Merienda”, un cuadro en el que se ven unas cuantas botellas de vino en el suelo, junto a los platos. Dos de los majos brindan muy alegres con vino en vasos de cristal. En estas escenas populares españolas Goya usa el vino para expresar la alegría de vivir.

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También de Goya, “El Otoño”, estación del dios Baco, también conocido como “La Vendimia” muestra eso, una vendimia moderna. En ella, un joven majo, sentado sobre un murete de piedra y vestido de amarillo, color que simboliza el otoño, ofrece a una dama un racimo de uvas negras.

La vendimia de Goya

La vendimia de Goya. 1787.

El elegante niño, intenta alcanzar las uvas, reservadas, sin embargo, a los adultos. En los campos, los campesinos se afanan en la recogida del fruto, inclinados sobre las viñas, mientras uno se yergue mirando a sus señores. El fértil valle se cierra al fondo por altas montañas, que recuerdan la sierra de Gredos, cerca de Arenas de San Pedro (Ávila).

Vino y arte en los siglos XIX y XX

Si nos trasladamos al impresionismo, Pierre Auguste Renoir es uno de los pintores que con más frecuencia acercaba el vino a sus cuadros. Tal es el caso de “El almuerzo de los remeros”, todo un canto a la alegría de vivir. Un cuadro en el que el vino cobra el papel de acompañante perfecto de un almuerzo perfecto. La mesa es en sí misma todo un alarde, un ejercicio del más fino de los bodegones y el vino es protagonista absoluto.

El almuerzo de los remeros, de Pierre Auguste Renoir

El almuerzo de los remeros, de Pierre Auguste Renoir. 1881.

En el post-impresionismo, Van Gogh también llevará el vino a sus cuadros, como por ejemplo en su “Naturaleza muerta con botella y dos vasos”. En “El viñedo de Arlés”, el pintor recoge el momento de la vendimia en un atardecer otoñal que envuelve en tonos rojizos el viñedo.

El viñedo de Arlés, de Van Gogh. 1888.

La iluminación de la imagen está alejada de la realidad y resulta poco natural. Sin embargo, la colocación de los objetos y la escena representada es muy realista. Es el choque de estas dos realidades lo que consigue descolocar al espectador, como todo cuadro de Van Gogh.

También Cézzane dio un importante protagonismo en alguno de sus cuadros, como es el caso de su obra “Los jugadores de cartas”, en la que aparece una botella de vino en el centro de la escena.

Los jugadores de cartas, de Paul Cézanne

Los jugadores de cartas, de Paul Cézanne. 1890–1895.

Si nos adentramos en las vanguardias, el expresionismo tuvo en Edvard Munch a uno de sus máximos representantes. como de costumbre con el pintos nórdico, su “Autorretrato con una botella de vino” no es una representación de la apariencia física, sino una expresión psicológica de sus dilemas internos.

Edvard Munch, Autorretrato con botella de vino

Autorretrato con botella de vino, de Edvard Munch. 1906.

En el caso del cubismo, el genio de Picasso incluirá en sus céleberrimas señoritas de Aviñón un racimo de uvas a los pies de las famosas venus. Por su parte, La bouteille de vin  es un ejemplo claro de la presencia vinícola en la obra del autor malagueño. Este grabado data aproximadamente de 1922 y puede verse en la sala de arte del Museo Vivanco de la Cultura del Vino.

Bouteille de vin. Pablo Picasso.

Bouteille de vin. Pablo Picasso. 1922.

Un comentario

  1. Magnífico texto sobre el vino en el arte. Mi más sincera enhorabuena.

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