Los vinos de El Bierzo y la mencía centenaria

El vino por estas tierras leonesas se llama mencía, una uva considerada hasta hace muy poco como inferior y que vive su renacimiento. Han tenido que pasar siglos para que podamos disfrutarla pero la espera ha merecido la pena

Viñedos Bercianos

El Bierzo es tierra de muchas cosas. Es lugar de paso del Camino de Santiago, que hace su última parada por estas tierras antes de cruzar hacia Galicia. Es lugar de minería, un oficio que viene de antiguo, como atestiguan las increíbles minas romanas de las Médulas, que son Patrimonio de la Humanidad. Es tierra de castañas, quizá las mejores de España. Y es tierra de vino.

Decir vino por estas tierras leonesas es decir mencía. Una uva considerada hasta hace muy poco como inferior. Junto al tempranillo, la garnacha y la monastrell es una de las cuatro variedades mayoritarias de la uva tinta autóctona española.

Uva Mencía

Uva Mencía

Al igual que ocurrió con la garnacha o la monastrell ha estado durante mucho tiempo relegada. Pero afortunadamente para nuestros paladares ha llegado el tiempo de redescubrirla. Y como suele pasar, el problema no era de la uva, sino de cómo tratarla.

Los romanos introdujeron el cultivo de vid en esta zona. Ya después, durante la edad media los monjes cistercienses extendieron su cultivo por buena parte de la comarca. Pero más allá de cultivarse la uva en la zona, los vinos del Bierzo no eran valorados. Se tenían por vinos bastos de mesa.

La mejor uva crece en las laderas de la hoya berciana

En esa Denominación de Origen, empezó a trabajar una nueva generación de jóvenes bodegueros que dejaron de lado las mencías que crecían vigorosas en el fértil valle del Sil, Las buscaron en cambio en las duras montañas de la hoya berciana (el hoy conocido como cinturón vitícola de El Bierzo). Como ocurre con el vino, las cepas que crecen en condiciones más difíciles son las que más posibilidades presentan.

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Las cepas centenarias de las laderas que aún quedaban diseminadas aquí y allá, con suelos pizarrosos tenían todos los boletos para ser materia prima de una nueva generación de vinos modernos y de calidad.

Se trataba de cepas en altura, con poco agua. Cepas sufridas, con escasa producción que daban unas uvas desconocidas hasta entonces, con una capacidad de resistencia a la crianza y una evolución extraordinarias.

A esa generación de nuevos bodegueros pronto se sumó Álvaro Palacios, curtido en otros “descubrimientos”. Como ya hubiera hecho con el resurgir del Priorat, en Cataluña, pensó que esta zona guardaba mucho potencial para explotar sus vinos de una forma más delicada y profesional.

Allí instaló en 1999 la bodega “Descendientes de J. Palacios”, en la que se pueden encontrar vinos como el popular Pétalos del Bierzo, que en 2014 fue calificado por Robert Parker como el mejor vino de España por su relación calidad-precio. Otro ejemplo es el Corullón. Situado en un rango más elevado de precio, es un vino de potencia y energía, pero mucha frescura, es lo que se da en la boca.

Unos vinos de mucha calidad

Por lo general, los vinos de esta Mencía producida en los montes colindantes, que es como se empezó a producir en tiempos de los romanos, son ligeros y frescos. Su clave está en el suelo. A diferencia de la uva cultivada hasta entonces en el fértil valle del Bierzo, crecen en suelos pobres, en laderas situadas a altitudes que rondan los 800 metros.

Bodegas Losada, el Bierzo

Bodegas Losada, el Bierzo

Los vinos de Bodegas Pittacum -la sede berciana de la bodega de Rías Baixas Terras Gauda- merecen mención de honor. El Petit Pittacum es el vino más jóven, fresco y sabroso de la bodega. Un vino 100% Mencía del Bierzo con un breve paso por barrica de roble, apenas 3 meses, para hacerlo más amable.

En el Bierzo conviven ofertas de precio más moderado con otras menos al alcance de todos los bolsillos. A fin de cuantas una viticultura como la berciana, caracterizada por la baja producción de vides cultivadas en laderas poco accesibles, que en algunos deben ser trabajadas hasta con mulas, vale su precio en oro.

La Bienquerida de Altos de Losada es otro de los ya clásicos de El Bierzo. Es un vino de una bodega joven, fundada en 2005, que sólo hace vinos de finca. Procede de un pequeño viñedo de mencía y otras variedades poco conocidas. En el pasado la viña más deseada por las gentes del lugar, por la fuerte personalidad de sus vinos.

El Bembibre, de la añada de 2011, es otro vino espectacular. Para su elaboración se han utilizado uvas de la variedad Mencía procedentes de 6 viñedos de más de 60 años. Estos viñedos están ubicados sobre terrazas y laderas con un 22% de inclinación y suelos de gravas y pizarras descompuestas.

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