¿Es el vino un mundo de pedantes?

El vino vive alejado de las generaciones más jóvenes, necesita acercase a ellos y quitarse de encima el halo que lo envuelve como exclusivo

Tinto de Navarra

Las copas que encabezan el artículo están esperando a ser bebidas. ¿Por quién?

Hace no mucho hemos hablado por aquí de la importancia de acercar el vino -en este caso español- a las nuevas generaciones (o ya no tan nuevas). Reflexionábamos de la mano de expertos sobre lo alejado que vive el mundo del vino de los millennials, consumidores detectados por cualquier sector como el futuro (o más bien presente).

Tengo la sensación de que el mundo del vino cae a menudo en una espiral del silencio que se hace ridícula. Quien no maneja un montón de adjetivos para calificar a los vinos de una y mil cosas parece incapaz de penetrar en él. Y no lo hace. Queda en silencio.

Pero en ese camino hacia la sofisticación y mitificación del vocabulario que rodea al vino ¿cuánta gente se pierde?, ¿cuántos no llegan a experimentar el vino por verlo tan alejado?

Nadie diría de una cerveza que tiene unas notas de flores o un final de pimienta. Y vale, probablemente no la tenga. Pero es que aunque el mundo de la cerveza se pudiera adornar con miles de adjetivos, a quien la bebe muy a menudo no le hace falta todo eso. La elige como bebida de acompañamiento en su vida y ya está.

Un grupo de amigos en la zona de viñedos de Lanzarote.

Un grupo de amigos en la zona de viñedos de Lanzarote.

¿Por qué no elige vino?, ¿por qué ni lo valora como opción? Creo que parte tiene que ver con una imagen para el vino que lo sitúa alejado de la juventud. Y gran culpa de eso es la forma pedante y barroca en la que el vino se adorna.

Por eso, hasta el ejercicio de abrir un blog sobre vino es todo un reto. Uno, que sabe de vino lo justo para saber disfrutarlo y discernir lo que le gusta de lo que no, penetra en él con el afán de explicar a mucha gente en su situación todo lo apasionante de este mundo. Su cultura, la conexión del vino con el entorno, con el relieve, con la geografía en general, con las personas…

Pero enseguida se da cuenta de que ha entrado en un terreno que algunos creen inexpugnable porque está sólo al alcance de quien sabe etiquetar a los vinos como “aéreo, muy vertical o ligeramente abocado”.

La imagen del vino en España es a día de hoy la de un territorio para gente que compite por ver quién puede decir más términos acerca de él. Y si bien este ejercicio es muy respetable, transmite a menudo una imagen de inaccesibilidad a ese parnaso de cuestionables “expertos” que hace muy difícil que un “joven” quiera acercarse a él.

Pero el vino es muchas más cosas que toda una serie de sensaciones en boca y nariz. El vino es muy a menudo momentos de nuestra vida. Es el día que celebramos algo, es el momento en el que confesamos tal cosa o aquel en que alguien dice a otra persona que quiere pasar la vida con él. Y ese vino no entiende de adjetivos, no compite en sofisticación terminológica, si es que eso existe.

Quizá esta visión del vino sea muy naif y simplona para quien cree que el vino es más que eso. Pero creo sinceramente que esos son los códigos en los que se mueve el futuro. Se puede quedar al margen y seguir haciendo del vino el coto de lo exclusivo para cuatro sibaritas o aspirantes a ello. O se puede abrir el abanico hacia la experiencia, hacia la divulgación, hacia la simplificación con contexto.

Aquí, en Un Buen Vino, queremos ser de los segundos. Y nos caerán críticas de los ‘haters’, en este caso vinícolas. Nos hacemos cargo. Pero buscamos democratizar el vino, acercarlo a quien no lo sabe pero algun día será también un #winelover.

Abajo la pedantería, arriba el buen vino.

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