Antonio Flores y Tío Pepe, historia viva del Jerez

Antonio Flores es el enólogo de González Byass y nadie como él conoce los secretos del Jerez, algo que viene desde que nació

Antonio Flores es enólogo de González Byass y un gran conocedor del Jerez.

Si hay alguien que conoce a las bodegas de Tío Pepe, ese es Antonio Flores, su enólogo.

Recientemente recibía el International Wine Challenge, que le situaba como uno de los cinco mejores enólogos del mundo. El enólogo y master blender de González Byass volvía a repetir este galardón, que ya cosechó en el año 2009. Asimismo, el Amontillado Cuatro Palmas, una de las grandes obras del enólogo, era reconocido como el Mejor Vino de Fortificado de 2016.

“Con este gran premio se ha reconocido el trabajo de todo el equipo y de mi familia y mi mujer que me aguantan todos los días, trabajando y viajando mucho”, explicaba Flores en conversación con ‘Un Buen Vino”.

Premiado en numerosas ocasiones por ser testimonio de la herencia del Jerez, Flores valora que los premios “han consolidado una carrera dilatada, la ha afianzado”.

Nacido encima de la bodega del tío Pepe

Pero como él mismo dice, en su vida hay momentos en los que tiene mucho que ver y otros en los que no tiene nada que ver. Uno de esos momentos que le vinieron dados es el hecho de que su padre trabajara en la bodega de Tío Pepe, en muchas posiciones distintas.

Una bodega que es mucho más que una bodega, como explica: “González Byass es una ciudad dentro de una ciudad; tenemos de todo, hasta consulados”. “Mi padre tenía una casa de la bodega y yo nací en casa y tuve la suerte de nacer en el dormitorio de mis padres que estaba situado encima de la solera de Pepe Rebollo, del Tío Pepe”, relata.

Calle Ciegos en la ciudad de González Byass.

Calle Ciegos en la ciudad de González Byass.

“Y eso marca mucho. En ese hito tuve poco que ver, pero fue determinante. Vivir ese mundo de la bodega, jugar en la bodega, que mi casa estuviera en la bodega y mi padre trabajara en ella… Todo lo que escuchaba era hablar de vinos y hablar del vino de Jerez en particular, condicionó mi carrera”, relata.

Uno de los primeros estudiantes de enología en España

Y cuando llegó el momento de elegir, elegió enología. La enología comenzaba entonces y había un solo sitio donde se estudiaba, en Tararagona, en la Rovira i Virgili. Allí se graduó y empezó a trabajar en el año 80, ya cobrando su nómina todos los meses de González Byass.

Pero él estaba allí ya mucho antes. El 1 de septiembre, en plena vendimia, empezó. No podía haber otro momento. “Una fecha muy bonita para empezar”, reconoce.

“Mi padre acertadamente dirigió mis primeros pasos. Pasando por todo, desde la viña a la bodega, conocer el día a día y gastar mucha tiza, que es clasificar, y mucha suela de zapato, que es conocer la bodega palmo a palmo”, explica.

Venencia rompiendo

Venencia rompiendo

Flores pasaba por todo, desde el laboratorio a la zona de muestras. Ha llevado y sigue llevando la planta de vinificación. Y así se ha forjado el conocimiento de una de las voces más autorizadas del Jerez. “Como los buenos vinos, los buenos profesionales de la enología se hacen con el tiempo, poco a poco, decantando toda esa sabiduría ha atesorado la bodega durante tanto tiempo”, explica pausadamente.

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¿Y el futuro? No lo ve en otro sitio. “No creo ya que cambie nunca, para mi se sería doloroso cambiar de bodega”. “El mundo del vino lo veo dentro de González Byass, la considero mi bodega, parte de mi vida”.

La historia de la bodega González Byass

González Byass nace en 1835 de la mano de Manuel María González Ángel, un joven bancario, que trabajaba en un banco en Cádiz. Allí veía ese comercio tan boyante hacia Inglaterra sobre todo del vino de Jerez.

Botas de Jerez.

Botas de Jerez. Foto: González Byass.

Él vio que aquello era un buen negocio y se dedicó a ello, pero tan y como explica Flores, tenía dos grandes problemas: “no tenía dinero y no tenía ni idea de vino”. Pero “como todas las personas intrépidas” se buscó un socio capitalista. Ese fue Francisco Gutiérrez de Agüera. También alguien que entendiera de vino: su tío José, su tío Pepe. De ahí viene el nombre de Tío Pepe.

Gutiérrez de Agüera se dedicó a la política y se retiró del negocio y su tío Pepe siguió asesorando. “No le pidió nada a cambio, no le pidió ningún sueldo, no le pidió ninguna compensación económica, sólo una pequeña bodega con salida a la calle donde él pudiera entrar directamente con sus amigos para no molestar y esas botas las marcó como las botas del Tío Pepe”.

Tío Pepe es un icono mundial

Cartel de Tío Pepe en la Puerta del Sol de Madrid

Cartel de Tío Pepe en la Puerta del Sol de Madrid

Es ahí donde nace la marca. Una marca que se ha extendido como un auténtico icono a nivel mundial. El hecho más palpable “lo hemos tenido cuando se intentó desmontar el luminoso de la Puerta del Sol donde un movimiento espontáneo en el que no tuvimos nada que ver hizo que volviera a lucir”.

“Para nosotros es un orgullo que Tío Pepe sea parte de nuestra cultura”, afirma convencido. “Yo he ido por todo el mundo y en todas parte conocen a Tío Pepe”.” Algunas veces les digo que nací encima la bodega de Tío Pepe; aunque sea tan increíble es verdad”.

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