
Familia. Esa es la palabra que por encima de todo define a las bodegas Dominio de Berzal, con los hermanos Berzal al frente: José Luis, Juan Mari e Íñigo. Y con ese espíritu han ideado y creado ‘Las laderas de José Luis’, un vino que homenajea a su padre.
Los tres hermanos, más allá de su unión como familia, comparten la misma pasión por el vino, la tierra y su fruto. Aunque la bodega actual situada en baños de Ebro, en la Rioja Alavesa, tiene poco más de 20 años, son herederos de una identidad familiar que tiene lazos con el vino desde hace más de un siglo. Una identidad que les marca al tiempo que persiguen la innovación constante.
Porque la vida nos enseña que es en la innovación y en las elecciones arriesgadas donde a menudo asoma el éxito. Es en la búsqueda de lo que nadie persigue, donde se aparece el asombro. Y sin duda algo de eso es lo que hay tras este vino. Un vino que procede de una finca familiar que «otros no quisieron por ser empedrada, dar poca producción y tener mucha pendiente». De hecho, la llamaban “las escaleras”, por sus pendientes escarpadas.
Pero el tiempo premia las decisiones intrépidas y el buen vino crece allí donde a la cepa le cuesta más trabajo enraizar. Fruto de esa realidad inexorable del mundo del vino resulta este regalo.
‘Las laderas de José Luis’, de la añada 2017 calificada como «muy buena», es un vino elaborado en su totalidad con la variedad emblemática de Rioja, la tempranillo, con uvas seleccionadas y recogidas a mano.
Los racimos se despalillan manualmente, grano a grano, su fermentación y posterior crianza (durante aproximadamente ocho meses) es realizada parte en barricas de roble de 500 litros y parte en depósito de hormigón. La elaboración, crianza, embotellado y almacenamiento del vino se realiza dentro de la misma bodega.
Pura «artesanía» de un viñedo singular
Pura artesanía, tal y como demuestra el hecho de que se han sacado al mercado 1.930 botellas. Y esa excepcionalidad lo inunda todo en este vino. El packaging también es excepcional, desde la propia botella, como el etiquetado numerado a mano, con su innovador lacrado y una imagen en blanco y negro que es el reflejo de parte de la familia Berzal.
José Luis consiguió labrar esta parcela «con mucho esfuerzo y sacrificio» hasta convertirla en lo que hoy es: un viñedo de una altísima calidad. Un viñedo capaz de dar como resultado un vino de características únicas, etiquetado como «viñedo singular». De hecho es uno de los primeros en la DOCa Rioja que sigue esta calificación novedosa con la que se busca respaldar la producción cuidada y apegada al terruño.

El viñedo singular es «un paraje o sitio rural con características agrogeológicas y climatológicas propias que lo diferencian y distinguen de otros de su entorno, del que se obtienen vinos con rasgos y cualidades singulares». Cuenta por ello con la estratificación de las parcelas más especiales de Rioja, con características diferenciales de cada viña y de máxima calidad.
Para poder conseguir este certificado hay que cumplir varios requisitos. En primer lugar, la uva debe proceder exclusivamente de las parcelas seleccionadas. Además, el viñedo debe de tener más de 35 años. La producción por hectárea no debe superar los 5.000 kg/ha. Por último, los vinos elaborados con sus uvas tienen que ser sometidos a una doble evaluación cualitativa. Esto implica que tengan que obtener un resultado de “excelente” (más de 93 puntos) en un análisis organoléptico que se realiza siguiendo un proceso de verificación estipulado.
Equilibrio de suavidad e intensidad
Caté este vino, como no puede ser de otro modo, en familia, para acompañar un arroz veraniego un domingo. Conviene abrirlo un poco antes de catarlo, para que el vino se exprese con todo su potencial. Nos encontramos tras el descorche y su reposo cara a cara con un vino rojo picota que se presenta intenso para tratarse de un tempranillo.
En la fase olfativa nos presenta un aroma a frutos rojos, donde aparece la madera y los toques especiados que aportan una personalidad especial. Ya en boca se presenta redondo, con un equilibrio que combina de manera excelente suavidad e intensidad.
Un vino capaz de dar acompañamiento lustroso a una carne, pero también a un arroz (como fue nuestra elección), a un guiso o un buen plato de caza. Presenta la polivalencia de esos vinos que están cuidados hasta el mínimo detalle y con personalidad muy definida.

Valorado por Tim Atkin con 95 puntos, “Las Laderas de José Luis” se basa en una filosofía de agricultura sostenible y cuidado al medio ambiente, buscando el equilibrio en la viña, con un vigor limitado. El objetivo con su cultivo es conseguir elaborar vinos de la máxima calidad respetando la esencia del terruño.
No en vano, las producciones de Dominio de Berzal son limitadas, con uvas seleccionadas de sus 50 hectáreas de viñedos. El 80% es Tempranillo, un 10% Viura, un 5% Graciano y el 5% restante se lo reparten variedades como Mazuelo, Garnacha y Malvasía. Los vinos que se destinan a la crianza reposan y van madurando en barricas bordelesas, de las cuales un 60% son de roble americano y un 40% de roble francés.
Los hermanos Berzal recogen con maestría la sabiduría del pasado, transmitida de generación en generación. Su manera de hacer se enraíza en los valores de dedicación y esfuerzo. Una filosofía que impregna la autenticidad de cada una de sus botellas. Una familia honesta, trabajadora y con el alma en la tierra. Con esa receta, el resultado no puede ser otro: todo lo que se esconde detrás de un buen vino.

Periodista y apasionado de los vinos. Editor de webs de divulgación y dedicado a la comunicación corporativa.
