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Un buen vino

Altos de Corral: el secreto está en la tierra

Este año Bodegas Corral ha presentado la nueva imagen de sus vinos Altos de Corral, una de sus más cuidadas producciones. La nueva imagen ha sido obra del pintor Riojano, Carlos Villoslada, que se ha inspirado en la tierra de la que sale este vino profundamente apegado a su terruño.

Altos de Corral tiene dos caras: un crianza y un reserva. Caras que comparten las características de los riojas redondos y bien terminados. Hablamos de vinos 100% tempranillo, la variedad más extendida en Rioja, que muestran toda la tipicidad de la uva, a través de la influencia que ejercen el clima y especialmente el suelo, la tierra, que determina la selección de las uvas que terminan en las botellas del crianza o del reserva.

Una influencia que tiene lugar sobre unas cepas de tempranillo que ya de por sí cuentan con esa personalidad que otorga la madurez: las viñas cuentan con edades de entre 30 y 40 años. Así lo explicó recientemente en la presentación de los vinos ante un grupo de periodistas especializados y expertos del vino, Carlos Corral, gerente y enólogo de la bodega.

Imagen desarrollada para Altos de Corral por Carlos Villoslada
Imagen desarrollada para Altos de Corral por el pintor Carlos Villoslada. 

Un vino en el “mirador” de la Rioja

Los Altos de Corral se levantan en la comarca de Moncalvillo, concretamente en un altiplano de diez hectáreas a una altitud de 600 metros. La altitud es un factor cada vez más valorado de los vinos ante el impacto del cambio climático. En este caso, nos encontramos con viñas muy cercanas al monte, con mucha identidad.

Moncalvillo es un excelente “mirador de la Rioja”, que permite observar desde allí toda la Rioja Baja. Se constituye como un auténtico “paraíso por descubrir”, una de esas joyas escondidas que guardan zonas aparentemente tan trilladas como puede ser la Rioja. Está en la zona opuesta al conocido como “Balcón e la Rioja”, a los pies de la Sierra de Cantabria.

Vista del viñedo Altos de Corral
Vista del viñedo Altos de Corral

La zona de Moncalvillo “es una de las grandes desconocidas de Rioja”. “Se le llamaba el Somontano de Rioja, por su cercanía al monte, por su frescura”. Sin duda una zona con mucha identidad.

Allí crece una viña muy expuesta al sol, pero con una frescura y cercanía a la montaña que es capaz de dar vinos excelentes. La mezcla de los distintos sueldos, junto con las diferencias de temperatura entre el día y la noche “marcan la diferencia”. Y ‘Altos de Corral’ es una viña que tiene mucho que decir.

Una uva perfectamente saneada

Por las características geográficas y climáticas del altiplano, la uva está perfectamente saneada con lo que se dan las condiciones “perfectas” para un cultivo ecológico, que es el que se está haciendo desde 2016. Fundamental para producir vinos de calidad.

El clima es “muy especial, con influencia mediterránea” y marcado con la presencia geográfica al norte de la Sierra de Cantabria y al sur de la Sierra de la Demanda. Esa cercanía al monte, con mucha retama, mucho tomillo y la proximidad al pinar dan sin duda a estos vinos un carácter mediterráneo indudable.

Tipos de suelo de las zonas vinícolas de Rioja.

El viñedo de ‘Altos del Corral’, en Moncalvillo, situado en un altiplano, queda encajado por los dos ejes montañosos que delimitan el valle del Ebro a su paso por esta zona de la Rioja Alta. Todo ello refuerza, sin lugar a dudas, esa excelente sanidad de las uvas.

El suelo determina el vino, en esta finca lo hace de manera muy especial.

El suelo es otro factor muy relevante a la hora de marcar la personalidad de estos vinos. Nos encontramos con suelos arcillo-ferrosos en la gran superficie de 10 hectáreas pero como una gran heterogeneidad.

Esta gran diferencia de suelos da lugar a dos tipos de vino diferenciados en los que también inciden los “millones de microorganismos en  el suelo”.

Detalle del suelo pedregoso de Altos de Corral
Detalle del suelo pedregoso de Altos de Corral.

Misma finca, dos vinos distintos

Con estos mimbres, la primera selección viene de la uva y del suelo. Y aquí es donde está la característica del crianza y el reserva y su tipicidad deudora del terruño en su más pura esencia. Aunque la uva procede de la misma parcela, de la misma variedad (tempranillo) y de cepas de la misma antigüedad, el suelo y el clima moldean las uvas de manera que resultan dos selecciones. Una termina en los vinos crianza y otra en los vinos reserva.

Altos de Corral Crianza.

De este modo, los suelos con cantos rodados, piedras, van destinados al crianza. Donde tienen arcilla, van destinadas al reserva. Los vinos situados en la zona de la finca orientada al este se destinan al reserva mientras que los vinos situados más al oeste se destinan al crianza. Los del este sufren más al ser más mediterráneos.

Altos de Corral Reserva.

Según explica Carlos Rubio “en una misma finca, las uvas van evolucionando de manera distinta”. “Si se vendimiaran juntas tendríamos otro tipo de vino”, detalla. Por ello, la selección y cribado de esas uvas es vital para dar como resultado dos vinos como son el crianza y el reserva que tienen características muy diferenciadas. Dos vinos que tienen alma de Rioja.