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Un buen vino

¿Y si el brandy es la ginebra de la próxima década?

El brandy busca acercarse a otros tipos de consumo

Cada destilado ha tenido su momento en España. No hay duda de que estamos en el ciclo de la ginebra. Esa bebida antes bebida por muy pocos es hoy con la que termina toda buena noche que se precie. La ginebra lleva ya unos años reaparecida con nuevos bríos.

Antes, en la primera década de este siglo había sido el momento del ron oscuro y antes, en los 90, el del whisky. Incluso antes de todo aquello un día fue el momento del brandy.

¿Y quién dice que ese ciclo no vuelva a dar la vuelta? Rocío Osborne es optimista y sobre todo cree que hay que estar preparados por si eso pasa: “Si no hacemos nada, desde luego, no va a pasar”, explica en conversación con ‘Un Buen Vino’.

Rocío Osborne junto a una botella del brandy Carlos I
Rocío Osborne junto a una botella del brandy Carlos I. Foto: Bodegas Osborne.

Esta bodeguera de sexta generación es encargada de la Comunicación en Osborne y Brand Ambassador de un brandy de mucha “solera” como es es Carlos I. Tiene claro que el brandy está ante una gran oportunidad.

El brandy es un destilado de vino que está un tiempo bastante largo en un proceso de crianza en barricas.  Busca de nuevo su hueco y compite en la categoría conocida como brown spirits premium (destilados marrones superiores), en la que también se integran por ejemplo un whisky escocés o el ron.

Carlos I 1520. Brandy de Jerez Solera Gran Reserva.

En función del tipo de barricas en las que envejece el brandy cambia mucho el perfil del producto, algo que no es igual con otros destilados, como puede ser el caso del ron. Esto sucede porque al fin y al cabo, el vino es una materia prima más regulada y controlada que una caña de azúcar que puede ser de cualquier tipo.

En el caso del brandy de Jerez, el sistema de soleras hace que cada brandy sea en cierta medida único, en función de los cambios de barricas y mezclas por los que haya pasado en su proceso de crianza.

Desmontando la imagen “antigua” del brandy

Este destilado de vino, el brandy, tiene una imagen estereotipada y asociada a lo antiguo. “Hemos visto que era una bebida de gente mayor, poco sofisticada, la típica imagen de la copa con el puro. Antiguamente incluso se calentaba la copa, por ejemplo, cosa que me parece una aberración porque lo primero que va a experimentar el que lo beba es un golpe de etanol que le va a dejar KO”, explica Rocío Osborne.

A juicio de esta experta “se ha intentado llevar al brandy a un consumo que más que facilitarlo lo dificulta”. El brandy es una bebida que puede ser “tan apetecible de mezclar como un ron porque al final tienen esas notas añejadas y más azúcar que el que pueda tener un whisky”, valora.

No es de extrañar por tanto que un brandy con limón o con coca-cola sea un producto muy consumido por ejemplo en México, donde “el brandy se toma en unas grandes cantidades y siempre es mezclado”.

¿Cómo potenciar el consumo del brandy?

Llegados a este punto, desde Osborne están apostando mucho por la coctelería ante la versatilidad que ofrece el brandy. “Estamos haciendo una competición de coctelería una vez al año desde hace cinco años y las propuestas que recibimos son cada vez más creativas”, explica Osborne.

En esta línea, están empujando mucho el brandy sour, con su brandy Carlos I y a cuya mezcla han bautizado como “carlos sour”. “Mucha gente está familiarizada con el sour por los piscos, pero el brandy al tener un poco más de azúcar requiere que el coctelero le eche menos azúcar líquido y el producto tiene una notas más complejas que un pisco”, detalla Osborne.

Carlos sour, una nueva manera de mezclar el brandy
Carlos sour, una nueva manera de mezclar el brandy Carlos I. Foto: Bodegas Osborne.

El brandy sour aúna el dulzor del brandy con el sour del limón, lo que provoca “una nota de contraste muy agradable en boca”. Nos encontramos pues con un consumo “más sofisticado, que apetece, con su clara de huevo y la angostura, que sin ser excesivamente difícil de elaborar es mucho más atractivo que un brandy con la copa de balón y un puro en un sillón Oxford”.

Por todo ello, el Brandy Carlos I, el buque insignia de Osborne, se ha lavado la cara. “Incluso al packaging le hemos cambiado la imagen para no tener una imagen anticuada, sino que tiene unas líneas en el vidrio de la botella y en los colores, muy indicado para ser un producto contemporáneo”, remarca Osborne.

El consumo del brandy en España y el extranjero

En España estamos un momento muy incipiente en la re-introducción del brandy y sus nuevas formas de consumo. “Cuando la gente lo prueba, les gusta y les sorprende, aunque estamos muy al principio”, explica Rocío Osborne.

No obstante, según explica a continuación, en el extranjero ya están viendo “un aumento de ventas y un aumento del interés de los hosteleros, no sólo por la coctelería sino también por la tendencia hacia productos craft artesanales, cercanos en origen o conceptos como el made in Spain. Por todas esas nuevas facetas hay un creciente interés en el brandy”.

También lo estamos viendo con los vinos de Jerez que han tenido “un resurgimiento” en los últimos años. “Por primera vez en 30 años el consejo regulador ha visto en las ventas totales de la zona un incremento el año pasado”, señala. Así las cosas, en ese resurgimiento, “por esos productos menos masivos más especiales, artesanales”, están viendo “mucha oportunidad para brandys como Carlos I”.

La elaboración del brandy

El brandy es sin duda un producto que representa esa tendencia. Es un destilado mucho más artesanal y menos industrializado y tiene detrás una dilatada historia. Sin ir más lejos, cada brandy es distinto, dependiendo de las botas por las que haya reposado antes de llegar a la botella.

Empezando por la graduación resultante de la destilación del vino en las almazaras, a menor graduación queda un producto más neutro, mientras que a menor graduación es más costoso y el producto para los brandys de calidad superior. La materia prima es mayoritariamente uva blanca airén.

Bodega Carlos I en el Puerto de Santamaría.
Bodega de Osborne en el Puerto de Santamaría. Foto: Osborne.

Por ejemplo, para el brandy Carlos I compran la uva a distintos procedencias y las destilan en Tomelloso. Para ello usan las alquitaras de cobre y solo utilizan lo que se llaman holandas (aguardientes de baja graduación) en las que el alcohol sale a 65 grados, de manera que tiene más aromas y más sabores del vino.

Viñedo de Osborne en Malpica de Tajo, una de las procedencias de las uvas con las que se elabora el brandy Carlos I.
Viñedo de Osborne en Malpica de Tajo, una de las procedencias de las uvas con las que se elabora el brandy Carlos I.

“Si nos fuéramos a una holanda de 77º, perdería algo de la parte aromática que tiene una holanda de 65º. Es un proceso más artesanal pero para este tipo de brandys creemos que compensa hacerlo así”, explica Osborne.

Una vez obtienen esas holandas, los destilados, en el caso de Osborne, los transportan al Puerto de Santa María, que es donde tienen las bodegas de añejamiento y donde envejecen. La bodega está suscrita a la denominación Brandy de Jerez, que exige que el Brandy se envejezca en el Triángulo de Jerez.

Venenciando el brandy Carlos I
Venenciando el brandy Carlos I. Foto: Osborne.

Son bodegas de techos muy altos, en las que se mantienen las condiciones climáticas óptimas para el envejecimiento. En botas de roble americano de entre 500 y 600 litros envejecen el brandy. Esas botas tienen que haber contenido previamente vinos de Jerez. Y esa es parte de la riqueza que hace precisamente único al brandy de Jerez.

En el caso de Carlos I, utilizan las botas que han añejado amontillados y olorosos. Si utilizáramos una una bota que ha tenido Pedro Ximénez, eso marca mucho en el sabor del producto.

Carlos I Amontillado
Carlos I Amontillado

Dentro de las innovaciones por las que está apostando Osborne está un Carlos I amontillado y un Carlos I Pedro Ximénez, en los que el envejecimiento final del producto se ha realizado en botas que han contenido vinos viejos de Pedro Ximénez o de amontillado.

El sistema de soleras y criaderas

El sistema de soleras y criaderas consiste en ir mezclando las botas más jóvenes con las más maduras, de manera que las más jóvenes, que tienen más fruta y son más vivaces, se enriquecen con las notas de los brandys más añejos que suelen ser más especiadas y añejas, con más de madera. También se da oxígeno al producto y se va consiguiendo que se vaya abriendo más.

En este sentido, Osborne marca las diferencias con otros destilados: “Por eso decimos que es muy diferente un envejecimiento en un sistema de soleras y criaderas que un envejecimiento como puede ser el whisky escocés que es estático, en una barrica lo metes, lo cierras y lo dejas allí 10 años”.

El del brandy de Jerez es un sistema muy especial, que le da unas características muy especiales de aireación, oxigenación y envejecimiento. Es un proceso es “muy artesanal” porque de hecho incluso el movimiento de botas se sigue haciendo con el proceso de “saca y rocío”, en el que los líquidos de las distintas botas de las criaderas se van mezclando hasta llegar a la solera.

Así las cosas, las soleras son una mezcla de edades muy distintas. Por eso no hablamos de envejecimientos en el brandy. Es un sistema dinámico, no es estático, en el que se van mezclando brandys que tienen distintas edades (dos, cuatro u ocho años). Por este motivo, es muy difícil de hablar de una vejez concreta en un Brandy.